...del espacio público

Hace un buen tiempo que se viene produciendo en esta región, aunque de manera tímida, bien intencionada pero desinformada, una preocupación por el espacio público urbano. Suelen hablar de él o de su necesidad principalmente dirigentes y autoridades de variados estamentos. Ahora bien, la autoridad no lo es sólo en cuanto a un cargo, sino también se refiere a una persona u oficio que posee un derecho o ha sido reconocido para dar órdenes, instrucciones, lineamientos u opiniones válidas. En este sentido es llamativo, al menos, como no se evidencia la misma preocupación desde los profesionales, que ya entendemos como autoridades, involucrados en su entendimiento , manejo, desarrollo y gestión: sociólogos, antropólogos, psicólogos sociales y ambientales, geógrafos, filósofos, pintores, escultores, escritores, paisajistas, urbanistas y arquitectos (seguramente debería estirar esta lista bastante más).
Es así como llama particularmente la atención el silencio o el escaso enfrentamiento de ideas o visiones en cuanto a la problemática desde el punto de vista de quienes finalmente lo proyectan. Si bien es muy poco probable que arquitectos (de por sí un gremio variadito y disperso) coincidan en lo que un espacio público del extremo sur del continente americano debe ser , a qué debe responder o cómo se debe realizar, cómo deben ser reconocidas y proyectadas sus particularidades para no caer en anacronías ni en caricaturas (que en eso si podríamos dar cátedra), sino que ser los espacios, exteriores o no, donde se produzcan las interacciones adecuadas y apropiadas a la realidad del habitar local, de sus individuos con sus costumbres e ideales, del grupo humano con su historia y sus modos de vivir la ciudad, de un territorio amplio y silencioso o acotado y abrupto, de un clima antojadizo y de una luz en períodos extensa en otros mínima. Si me parece que podría haber, entre arquitectos, una cierta coincidencia en lo que las cosas no son.
Un parque no es una plaza, una costanera no es una autopista y una plaza no es un bandejón (casi tan simple como querer confundir cocina y dormitorio porque se pueda comer en la cama o dormir en la mesa). Cuando el gobernador Oscar Viel, quien había servido en la armada francesa, mandó a trazar en 1867 tres avenidas con espaciosos bandejones centrales pensaba en paseos urbanos, no en plazas (para eso había hecho la de armas) ni en parques (toda la periferia urbana lo era). No es arriesgado suponer que su modelo era la avenida de los Campos Elíseos en Paris (manteniendo las distancias, claro) donde sería una suerte de sacrilegio pensar en cualquier tipo de equipamiento que no estuviera acorde con el pasear o el deambular, esto aún cuando se trata de una ciudad con mucho menos áreas de esparcimiento o deporte que las que posee Punta Arenas. Tampoco se les ha ocurrido, a los parisinos (a quienes no pretendo que nos parezcamos), llenar dichos bandejones con réplicas de las guillotinas de la revolución, los navíos que sobrevivieron la batalla de Trafalgar o juegos infantiles que hacen alusión a escritores franceses, que ahí podrían ser bastante más pertinentes.
Claro que cuando Viel lo pensó, e hizo, las condiciones y costumbres eran otras. Así , entre otras cosas, no podía prever la velocidad de desplazamientos de hoy en día, pero si lo hubiera hecho dudo seriamente que habría expuesto a niños, padres y conductores al peligro que ello supone (en mi ignorancia legal creo que hasta podría ser considerado como cuasi delito de homicidio), de hecho como conductores muchos habrán escuchado y comprobado que detrás de una pelota siempre corre un niño. Y como una vez hecho había que parchar el error han puesto rejas y muros al espacio público (no puedo dejar de recordar al iluminado que propuso, hace unos años, cercar el Parque Forestal en Santiago)
Para no ser catalogado, con cierta razón, de inconformista es que me parece justo hacer una apología a lo que alcanzó a hacer la Cormag hace unos años con respecto al espacio público, principalmente el bandejón de Avenida Bulnes (entre Cap. Guillermos y Hornillas), Parque Don Bosco, centro de esquí del cerro Mirador y el Parque Chabunco. El primero un ejemplo de que no hace falta llenarlo todo, que para sentarse basta un cubo de hormigón (que en 40 años ningún vándalo ha sido capaz de romper ni robar), que para disfrutar del paseo alcanza con un recorrido recto, que los cipreses recortados son propios y patrimonio de la región (a pesar que provengan de Europa), y que junto al color de los lupinos hablan del vacío y la extensión del territorio. El parque Chabunco, por otro lado, un reconocimiento a las costumbres y modos de utilización del espacio, a la comprensión (casi podríamos decir derecho local) que un asado en el "campo", o un "picnic", es parte de nuestra historia, un aspecto que remite directamente a la fundación de la sociedad y desarrollo del territorio regional.
p.s. Que no haya mencionado los parques mayormente no es casualidad. En estos días de decisión de fondos alguien podría poner un poco de atención en ellos, especialmente uno de los grandes olvidados del espacio público urbano y regional como lo es este último parque periurbano.

LA IDENTIDAD DEL LUGAR

En arquitectura se entiende y utiliza, generalmente, la idea de identidad de una obra o de lugar como un conjunto de características morfológicas que definen el carácter de una obra o paisaje, esto, si bien no es completamente erróneo, si es a lo menos incompleto.
La identidad del lugar es una de las expresiones integrantes del fenómeno de la conformación y reconocimiento de identidad en un sentido general. Ésta última es el resultado de las interacciones de tres dimensiones: la intrasomática, la intersomática y la extrasomática. O sea, del resultado de las reciprocidades de las identidades de los sujetos individuales, de grupos y de objetos o lugares. Esto nos lleva a la suposición que la identidad del lugar, al ser sólo una parte del proceso, se debe estudiar en la compleja interacción de las variables, como un proceso psico-socio-físico, y no sólo en la condición material del territorio. Es en este sentido que, según Rapoport, cuando se considera el territorio como el arreglo en el espacio físico de artefactos y actividades, se está más cerca de la consideración dialéctica de la identidad del lugar. Porque, tal como decíamos al comienzo, hablar de la identidad del lugar es, a la vez, hablar de la identidad de los sujetos y de la de los grupos que habitan dicho territorio. A pesar de esto, no se ha profundizado en métodos que permitan hacer operativa dicha identidad para el proyecto urbano o de arquitectura. En este sentido Muntañola plantea la relación entre la identidad y los procesos de apropiación del espacio, abriendo la puerta a una posible vinculación con otro campo de investigación.
Desde este punto de vista en Psicología Social, Pol, ha establecido un modelo dual de apropiación de los espacios, donde, a través de la acción sobre el entorno, la persona y la colectividad transforman el espacio, dejando su huella. Con esto las acciones dotan al espacio de significado individual y social a través de los procesos de interacción.
Mientras que a través de la identificación simbólica la persona y el grupo se reconocen con el entorno y por procesos de categorización del yo, las personas (y los grupos) se autoatribuyen las cualidades del entorno como definitorias de su identidad. El espacio apropiado pasa a ser un factor de continuidad y estabilidad del self, a la vez que un factor de estabilidad de la identidad y cohesión del grupo. Generando así un vínculo de reciprocidad con el lugar.
Es esta reciprocidad en la que se hará énfasis. Identificarse con algún objeto, alguna persona o algún lugar es a la vez apropiarse de ciertos aspectos de ellos. Pero es también, cuando existe la interacción, imprimir en ellos caracteres propios, que en el caso del territorio, independiente de su escala, permiten la legibilidad de una identidad de lugar, del registro en formas de una manera particular de habitar. Es este uno de los vínculos que permiten la dimensión espacial de una cultura, y por ello la importancia de ser entendido para lograr proyectar identidades, en vez de repetirlas anacrónicamente, proyectar formas del ser propias.

Detrás está el Estrecho de Magallanes

 














Extraña observar el poco criterio con el que funcionarios de instituciones supuestamente comprometidas con el territorio y la calidad de vida de sus habitantes incurren al atiborrar de basura publicitaria (no de manera temporal), obstruyendo lo que sin duda es un lugar privilegiado de observación del Estrecho y la Isla grande de Tierra del Fuego para nacionales y turistas.

En configuración...

Esto no pretende ser una entrega sistemática u ordenada, nítida o definida. Más bien una grieta, una de esas irregulares, poco clara y de profundidad variable. Unas interpretaciones, sin más pretensión que sugerentes visiones.
...intentaré comenzar a trabajar en esto.